Un hecho vale más que mil opiniones – Parte II

Y llegó el turno de las opiniones, quizás el Acto del Habla que más utilizamos. Vamos a analizar como se componen las opiniones y después opinamos un poco al respecto.

En la parte I planteamos una diferenciación entre hechos y opiniones, concentrandonos en los primeros. Ahora es el turno de las opiniones. Empezando por preguntarnos ¿Qué es una opinión?
Una opinión o juicio es una interpretación sobre un hecho, es el hecho pasado por todo lo que tenemos en nuestra cabeza (experiencia, creencias, valores, inconsciente, etc). Es un posible observar de todo lo que sucede y existen infinitas opiniones que se pueden ejercer sobre un mismo hecho. Es por esta razón que una opinión no es ni verdadera ni falsa. Decimos entonces que una opinión puede ser fundada o infundada.
Para fundamentar nuestras opiniones usamos hechos, emociones y otras opiniones! Interesante ¿no? Porque si usamos como fundamento otras opiniones, entonces tenemos que buscar que fundamentos tienen esas otras. Y asi se puede armar una cadena de opiniones sin fundamento alguno (o con un hecho pequeño). Solemos tener juicios gigantes en base a hechos pequeños. Y un detalle: Aunque fundamentemos una opinión, sigue siendo una opinión.
Nos da confianza una persona que no puede fundamentar sus opiniones? Que ante cada pedido de fundamentación hace agua? Podemos pensar que es una persona que no sabe de lo que habla. Igualmente nosotros al opinar ponemos en juego la confianza del resto hacia nosotros.

Las opiniones pueden cambiar

Para fundamentar esto les voy a dar un ejemplo*: Piensen en el tema “Edad”. Qué opinión tienen sobre este tema? Qué opinión tenían sobre la edad cuando eran niños? Lo más probable es que dividieras al mundo en niños (los de tu edad) y adultos (los mayores). Luego en la adolescencia estaban los niños, tus iguales y finalmente los viejos. Y a mi edad (venintilargos)? Puedo dividirlos en los niños, los adolescentes, los jovenes, los de mi edad, los mas viejos, y los abuelos.
Este ejemplo sirve bastante para entender que las opiniones naturalmente pueden cambiar, como cambiamos nosotros. Nuevas experiencias, nuevos puntos de vista o distintas formas de ver las cosas pueden hacernos cambiar de opinión sobre infinidad de temas. Entonces a relajarse, a entender que son opiniones, que hay muchas diferentes y que todas pueden convivir en armonía. De hecho diferentes opiniones pueden enriquecer nuestra vida.

Para qué sirven las opiniones?

Tener opiniones nos sirve para encarar el futuro con menos incertidumbre. Uno va construyendo opiniones en común que nos permiten reaccionar rápidamente al momento de tomar decisiones. Si yo opino que no me gusta comer pescado, no voy a comprar pescado para mi. Sin la opinión esa, desperdiciaría muchos kilos de comida!

Detectando las opiniones

Para facilitar la comunicación, diferenciemos desde el habla y escucha las opiniones de los hechos. Como oradores podemos agregar un “en mi opinión” para dejar en claro que estamos hablando desde interpretaciones propias. También dar los hechos, los estándares y el dominio (espacio y tiempo) desde donde estamos opinando.
También existen patrones para identificar opiniones. Las palabras “mejor”, “peor”, “bueno”, “malo”, “más fácil”, “más dificil” forman parte de una opinión en curso. Los adverbios también delatan la presencia de opiniones: “Está claro”, “obviamente”, “por supuesto”, “definitivamente”.

Para terminar les propongo un ejercicio*:
La próxima vez que tengas que tomar una decisión, tomá dos hojas de papel. En una de ellas anota todas tus experiencias sobre el tema. En la otra escribí las opiniones ajenas y todo lo que hayas leído y escuchado sobre la cuestión. Acto seguido, tira la segunda hoja a la basura, mirá de nuevo la primer hoja. ¿Cuál es tu decisión, basada en tu propia experiencia?

Saludos
Uva

* Extraído del libro “Coaching con PNL” de Joseph O’Connor y Andrea Lages